Sonrisas… girasoles… pasto verde y cielo azul… brisa tibia… ojos grises…
piel blanquecina… labios rosados… miradas dulces… besos tibios… caricias… ella… Amanda…
Sentí un fuerte crujido,
seguido de un intenso dolor en mi nariz, obviamente la habían roto, pero eso no
me importaba, nada importaba, pues yo no quería estar aquí… hace mucho que no
quería estar aquí… yo estaba con ella…
Grandes pastizales… besos repartidos… carcajadas… los rayos del sol,
quemando nuestros cuerpos mojados… su voz… su canto… su compañía… su
personalidad chispeante… sus delgados brazos alrededor mío… su respiración en
mi oído…
Volví a sentir un fuerte
dolor, esta vez en mi espalda, lo que me hizo notar que me encontraba tirado en
el suelo del callejón mundano a unas cuadras de mi hogar, pero no importaba, yo estaba feliz con Amanda…
El estanque… los chapoteos… nadando desnudos… el agua fría… las
meriendas… el sauce… los patos y sus pollitos…sus besos con sabor a mantequilla
de maní… la vieja camioneta de su hermano…
En el fondo de mis
ensoñaciones, se escuchó el estruendo de un disparo, y de repente mi lugar
feliz, se transformo en la pesadilla con la que tenía que vivir día a día.
Hamburguesas Bertha… nuestro primer año juntos… celebrando, ensimismados
en nuestro pequeño mundo… y luego, un corte de luz… su mano asustada sostenía
la mía… afuera en la fría noche no se podía
distinguir nada… hasta que se comienzan a oír gritos y disparos de afuera,
haciendo que toda la gente del local entre en pánico… mas gritos…
Amanda aun tiene mi mano atrapada entre las suyas, parece incapaz de moverse,
pero debo sacarla de allí, antes de que algo horrible le pase a ella.
-Mandy… cariño, hay que hacer algo, vamos allá, detrás del mostrador,
para poder estar a salvo.
Nos dirigimos hacia el mostrador, Amanda no es capaz de soltarme, esta
tiritando como una hoja, me siento junto a ella protegiéndola entre mis brazos…
ella está llorando, intento consolarla pero es en vano, yo estoy igual de
aterrado que ella. Se escucha otro disparo desde afuera, Amanda salta por cada
disparo que se oye y pareciera que cada vez se van acercando, inevitablemente
la abrazo con más fuerza.
Contenemos la respiración, alguien entro en Hamburguesas Bertha, y
está alumbrando con su linterna. Amanda suelta un gemido de horror, le tapo la
boca, pero ya es tarde, el hombre de la linterna ha escuchado y va por
nosotros, sin evitarlo cierro mis ojos fuertemente y agarro a Amando con toda
mi fuerza, sin importar si la hacía daño, los estruendos de los disparos se
mitigan por el insoportable dolor que comienzo a sentir en una de mis piernas,
pero al abrir los ojos nada pudo superar el gran dolor que sentí al ver a la
mujer que amaba sin vida…
Su hermoso rostro… atravesado
por el terror… sus cabellos dorados manchados de mi sangre… la había perdido…
mi Amanda… mi culpa…
Al despertar sentí mi
cuerpo adormecido y extremadamente adolorido, como si me hubieran apaleado; al
abrir los ojos pude identificar mi habitación pero me era imposible saber qué
hora era así que tuve que levantarme lo que se me hizo difícil debido al
estupor de mi cuerpo, es más, me fui apenas cojeando hasta el baño del apartamento
donde quedé impactado cuando pude mirarme al espejo, mi nariz llevaba pegada un
venda blanca y bajo ella era sumamente notoria la hinchazón de esta.
Entonces recordé lo que
había ocurrido… iba camino al
departamento con Sophie pero ella como siempre se detuvo en la verdulería a
unas pocas cuadras del edificio para coquetearle descaradamente a Manuel, el
hijo del dueño del local, por lo que decidí adelantarme sin preocuparme por
ella porque obviamente se iría al departamento con el chico. Era sabido que no
vivíamos en el barrio más lujoso de la ciudad, por lo que no fue nada nuevo que
un grupo de ebrios me hayan interceptado camino a mi hogar para robarme y darme
una paliza sin motivo aparente.
-¡Sophie! – la llamé
desde el baño y pude sentir unas pisadas apresuradas hacia donde me encontraba.
-¡Adam! ¿Qué haces aquí?
¡Tú tienes que estar en reposo! – me interrumpió mi amiga sin dejar siquiera
que le hablara para luego comenzar a darme pequeños empujoncitos devuelta a mi
habitación.
Ya en ella, me volví a
recostar lentamente en mi cama sin poder evitar soltar algunos quejidos por el
dolor, Sophie esperó hasta que estuviera acomodado para comenzar a revolotear
por mi habitación limpiando, ordenando y luego comenzando a cambiarme los
vendajes
-Te estás comportando
como tu mamá – le dije bromeando para intentar relajar el ambiente tenso que se
había formado cuando Sophie comenzó a quitar las vendas de todo mi cuerpo.
-Es lo mínimo que tengo
que hacer cuando ella tenga que trabajar y tu estés lisiado, tengo que cuidarte
ya que tu no lo haces – dijo alegremente con su voz más chillona de lo usual.
-¿Cómo me trajiste hasta
acá? – pregunté algo apenado
-Manu y su hermano José
te trajeron hasta acá, y mi mamá te sanó – dijo sin parar de desinfectar mis
heridas y cambiar las vendas, hasta que se quebró - ¡Ay Adam! ¡Me siento tan
culpable! Si no me hubiera ido con Manu nada hubiera pasado, ¡lo siento tanto!
-Soph… tranquila, no fue
tu culpa, de hecho es mejor así porque tal vez esos borrachos te hubieran hecho
algo a ti, además yo fui el que no te espero – dije con ella sollozando en mi
hombro mientras las consolaba dulcemente, ella asomó su rostro con ojos
llorosos y ojitos de cordero, le di un beso en la frente y dije: – tranquila
fue más mi culpa que tuya y de todas formas no fue tan grave en una semana voy
a estar bien
-No soporto verte así,
además una semana es demasiado para mi, sabes que sin ti es imposible que este
departamento esté limpio y ordenado – no pude evitar soltar una risa, mientras
ella se levantaba para terminar finalmente de curarme, me dio un beso en la
frente como yo lo había hecho anteriormente con ella.
-¿Soph? ¿No me prestarías
tu laptop? Ya sabes, para no aburrirme – dije sonriendo culposamente,
especialmente por el hecho que había estropeado la mía de manera misteriosa.
-La haré, si a ti no te
importa que traiga a Manu para pasar un rato juntos, ya sabes para conversar y
todo eso…
-¿Estás segura de que esa
conversación no se hace en la cama? – Ella solo se rió y alzó sus cejas
sugestivamente – no tengo problema si me traes los audífonos, no tiene mucha
gracia solo oír el porno.
Sophie levantó el dedo
del medio antes de retirarse para traerme mis pedidos, me acomodé nuevamente en
la cama dejando mi mente volar sin poder evitar recordar lo ocurrido la noche
anterior, pero más allá de recordar la golpiza eran los recuerdos de mi amado
los que ocupaban mi cabeza
La extraño como los mil demonios…